ECM de Patti
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Descripción de la experiencia:

Mi segundo hijo nació en noviembre de 1952 en la maternidad Florence Nightingale del hospital Baylor de Dallas en Texas. Yo creo que los milagros se producen por una acción superior de la ley universal, a veces por otras entidades de otras dimensiones, algunos las llaman Ángeles, nunca son una oposición directa a las leyes de Dios sino una manifestación de una utilización superior de la ley de la que, a nuestro nivel, no somos conscientes. Cualquiera que sea el canal utilizado para eso que se llama milagro o curación, el crédito vuelve siempre a Dios, la fuente de nuestra vida.

Oí a la médico decir que me había perdido porque perdía toda mi sangre y ella no lograba detenerla. Dijo que si alguien sabía rezar, más valía que lo hiciera pronto. Yo comencé a decir mentalmente el «Padre Nuestro». Antes de que hubiera terminado, me encontré fuera de mi cuerpo, de pie en la pieza, mirando lo que allí pasaba. Habían empujado la camilla contra el muro y sólo una enfermera estaba a mi lado. Para la médico, yo había perdido toda mi sangre, mis signos vitales habían desaparecido y mi muerte había sido declarada. Ni siquiera intentó reanimarme y no había conmigo más que una enfermera. Salió para ver a mi abuela, mi tía y mi marido y preguntó qué querían hacer con el cuerpo, les dijo que había fallecido y que ella no podía hacer nada.

Inmediatamente después de haber dejado mi cuerpo, un pozo de luz muy blanca bajó a la habitación y una bella mujer con una larga cabellera negra y una ropa blanca adornada con oro bajó en la Luz. Extendió las manos hacia mí y me dio a elegir: o subir con ella en la Luz, o quedarme en la tierra en mi cuerpo. Al principio, quise ir con ella en la Luz pues la experiencia era tan bella y tan apacible. Además ya no me sentía mal en absoluto en tanto la Luz me envolvía.

Luego me acuerdo haber estado de pie de nuevo fuera de la luz, en la sala de parto y haber dicho: «Elijo vivir.» Lo que, imagino, significaba una decisión de volver a la tierra pues mi misión no había terminado. Realmente no tengo ningún recuerdo del tiempo transcurrido entre el momento en el que deseé subir en la Luz con la bella Mujer y luego el momento de la elección de volver a mi cuerpo a causa de los niños.

Tras haber dicho las palabras: elijo vivir, significando volver y vivir mi vida en este cuerpo, hubo una explosión de Luz en la sala e igualmente las expresé simultáneamente desde mi cuerpo. Aquello produjo una gran agitación entre los cuidadores presentes, se precipitaron a mi lado y empezaron a golpear mis extremidades y la región del corazón para volver a traer la circulación y poner de nuevo en marcha el corazón y la respiración. Esto pasaba en 1952, antes, supongo que se dispusiera de la mayoría de medios disponibles actualmente para asistir la vida durante las urgencias, en todo caso, ninguno fue utilizado conmigo. Tenía cardenales en el cuerpo consecuencia de sus tentativas para volver a poner en marcha la circulación. Cuatro horas más tarde, me desperté en mi sala con cinco médicos y enfermeras ocupándose de mí. Mi médico dijo: «Nos has dado un buen susto.»

Dios no había terminado de utilizar mi vida, por eso sigo viva hoy. Estoy aquí porque Dios, Cristo y SUS Santos Ángeles se ocuparon de mí, me protegieron y me guardaron.

Por ello estoy realmente reconocida.