Comunicación tras la muerte
de Rena

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Descripción de la experiencia:

Quisiera contaros una historia muy muy muy especial. Cuando tenía 16 años (ahora tengo 28), salía con un joven muy querido. Se llamaba Edwin y tenía 16 años también. Estábamos muy unidos, nuestros corazones y nuestras almas eran uno realmente. Sé que a los 16 años, todo el mundo dice que no se sabe lo que es el amor ni lo que éste implica , pero en cierto modo lo sabíamos. Teníamos el sentimiento de ser almas gemelas no puedo explicarlo, simplemente sabíamos que éramos particulares. La noche del jueves 2 de julio 1987, vino a buscarme al trabajo y me llevó a casa. Sentada en el coche, sentí un miedo invasor, iba a perderlo y no quería salir del coche. Lo enlacé y abracé diciéndole que tenía la impresión que iba a perderle sin que supiera cómo. Me devolvió mi abrazo y me miró a los ojos diciendo: «Querida, sabes que jamás me perderás.». Le pedí que me llamara al instante en cuanto llegara a casa, a fin de que supiera que estaba sano y salvo, y lo hizo. El sentimiento desapareció. La noche siguiente, el viernes 3 de julio 1987, estaba en su casa por el fin de semana, mis padres estaban en Atlanta buscando una vivienda para nosotros, íbamos a mudarnos allí al final del verano. Vino a buscarme al trabajo aquella tarde y fuimos a una fiesta. Durante aquella fiesta, estalló una pelea y se cree que fue apuñalado por error. Corrió al teléfono para pedir ayuda y se derrumbó, yo estaba justo a su lado, completamente histérica.

Finalmente llegó una ambulancia y yo la seguí por detrás en coche con una amiga y su compañero, empecé a rezar, no con mi cabeza sino con MI CORAZÓN, MI ALMA, MI SER TODO ENTERO. No sólo le recé a Dios, sino también a él, quería que su alma me escuchara. No quería que me dejara. Cuando llegamos al hospital, nos llevaron a una sala para las familias. Yo estaba al fondo de la sala frente a la puerta. Mi amiga Michelle estaba sentada a mi lado. Plegada en dos, rezaba más intensamente de lo que jamás lo hice antes. Michelle no paraba de decirme que se salvaría. Mientras rezaba con todo mi ser, una sensación se apoderó de mí. Era él. Mis lágrimas caen mientras escribo esto. Vino a mí y dijo: «Te amo. Ahora no puedo estar contigo, pero un día estaremos juntos.». Siguió: «Saldrás adelante.». Lloré y le imploré que no me dejara, él respondió: «Recuerda siempre que te amo, conserva la fe.». Luego se despidió. Yo grité y Michelle aseguró: «Se salvará.» Respondí: «No, Michelle, se ha ido.». En ese momento el Padre O’Brian entró en la sala declarando: «Está con el Señor.». Caí de rodillas.

Después de eso, vino a mí en sueños, era tan real, sé que era real. Creo que era el método de Dios para ayudarme a superar aquello dejándome visitarlo en sueños. Finalmente los sueños cesaron, aún hoy, a veces antes de irme a acostar deseo que vuelva a visitarme. Todavía lo echo en falta y me pregunto lo que hubiese sido la vida con él. Pero me agarro a las palabras que me dijo, sé que un día seremos reunidos y yo continúo Ho mi vida. Estoy casada y tengo una hermosa chiquilla. Pero la experiencia que viví con él es una de esas que nunca olvidaré. Creo que las almas pueden darse la mano. No sé quienes sois y sé que ésta no era una experiencia cercana a la muerte, pero para mí fue una experiencia espiritual muy particular que amaré el resto de mis días. Gracias por vuestra atención.