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ECM asociada a LSD |
Me llamo Jonathan, era durante el verano de 1975, yo tenía 17 años y vivía en un pequeño pueblo del norte del estado de Nueva York. Había comprado gran cantidad
de una variedad de LSD llamada “Cristal” (Windowpane). Mis amigos y yo utilizábamos esa droga cotidianamente desde hacía casi una semana, pero los efectos de la dosis inyectada ya no satisfacían nuestras expectativas. El día anterior a aquel acontecimiento, todos nos inyectamos 2 dosis; el día del acontecimiento partí
hacia el «abuelo de todos los viajes» y me inyecté 5 o 6 dosis de esta potente forma de LSD. Les di 2 o 3 dosis a todos los demás. Hacia las 16h 40, comencé a notar los efectos pero esta vez algo era diferente, empecé a sentirme enfermo. Estaba en la casa de un amigo, al lado de la casa de mis padres que es donde vivía. Subí la escalera para acostarme en una de las habitaciones pues tenía vértigos, respiración superficial, mi corazón latía deprisa y tenía náuseas. Me fijé en el reloj de péndulo junto a la cama, eran las 16h 50 cuando sentí mis ojos revolverse como si tratara de mirar a lo alto. Después todo se volvió negro.
Inmediatamente me hallé desplazándome de un planeta a otro, empezando por Venus, luego Júpiter, Saturno, Neptuno y Urano. Debo admitir no recordar haber visto Plutón. Estos planetas estaban muy próximos los unos de los otros como sobre una línea quebrada, no alineados. Eran enormes y magníficamente bellos; Júpiter era el más coloreado y luminoso. Estaban tan próximos que cuando pasaba uno, me acercaba inmediatamente al siguiente. Los sobrepasaba en poco tiempo; a pesar de ello, no tenía en absoluto la impresión de desplazarme muy rápidamente. Cuando llegué cerca de Urano, volví la cabeza para mirar atrás y volver a verlos todos, simplemente eran increíblemente bellos, cuando volví la cabeza para mirar hacia adelante a fin de ver adónde iba, fui sorprendido por la visión de mi destino final. Me aproximaba a un muro de nubes en forma de herradura. Me detuve a la entrada y el tamaño de este muro era impresionante, puedo estimar su dimensión. Parecía medir unos 30 metros de largo y de ancho y quizás el doble de alto. No podía ver a su través. Era de color violeta por abajo y mirando hacia lo alto se volvía más brillante en color y en intensidad, de violeta a lavanda, a azul, luego azul claro a blanco en lo alto, brotando como lo alto de una nube de tormenta reflejando el sol de la tarde. Debo decir que yo no controlaba mis movimientos, fui desplazado a este lugar, no intenté desplazarme por mí mismo, no sé pues si hubiera sido capaz. En lo alto de la nube Vi muchos, muchos pares de alas, de un blanco puro con un toque de oro, estaban todo alrededor del perímetro en lo alto de la nube. Inmediatamente asumí que se trataba de Ángeles. Parecían mirarme desde sus situaciones y yo podía ver sus alas pivotar y moverse, abrirse ampliamente y volver a cerrarse lentamente, era una visión asombrosa. Estaban iluminados por una fuente de luz que yo no podía ver, pero el cielo por encima de ellos era color amarillo pálido/ blanco y muy brillante. Escruté a lo alto de las nubes y observé todos los movimientos de los Ángeles, intentando distinguir detalles, pero simplemente estaban demasiado lejos para ver su rostro o una gran parte de su cuerpo, pero sorprendentemente sus alas eran grandes y muy fáciles de ver. Estaba tan fascinado por lo que veía, que me sobresalté cuando bajé los ojos y vi una silueta de pie en medio de ese muro de nubes, directamente frente a mi, a unos 15 metros a nivel del «suelo».No recuerdo haber tenido un cuerpo o haber sentido una superficie sólida debajo de mí, en realidad el «suelo» debajo de mí era tan negro como el espacio a través del que acababa de viajar. Pero la silueta era la de una persona con un cuerpo completo, recubierto de la cabeza a los pies por una toga blanca. La luz de lo alto iluminaba esta silueta, pero la capucha recubría suficientemente su cabeza para hacer sombra sobre su cara, de tal modo que no podía ver ningún detalle. Podía ver sus brazos extendidos hacia abajo, de manera que sus manos se hallaban a unos treinta centímetros de sus flancos, con las palmas vueltas hacia mí. Ninguno de nosotros habló verbalmente, en realidad no hubo allí más que silencio durante todo el acontecimiento, pero desde que posé los ojos sobre esta silueta, fui sumergido por un sentimiento de amor y de alegría demasiado grande para expresarlo con palabras. Seguidamente mi mente se llenó de conocimiento y de respuestas sobre mi existencia y el sentido de la vida, recuerdo haberme dicho a mí mismo: «¡¡Ahora comprendo, ahora lo he captado, es taaaaan FÁCIL!!». En ese momento, sabía por qué había nacido y cuál era mi designio en el plan general de Dios, supe que era simple, muy poco complicado. También me di cuenta luego, sin la menor duda, que la silueta delante de mí era Jesús. Justo después de algunos momentos suplementarios de comunicación no oral, recuerdo haberme despertado en la cama sobre la que me había acostado. OH qué terrible sentimiento el estar de vuelta, lejos del sitio del que acababa de volver. Me acuerdo haber gritado « ¡NOOOOO!» y haber cerrado los ojos intentando volver allí, pero no pude claro está. Miré el reloj de péndulo, eran las 17 h, quizás un minuto o dos más tarde, bajé de la cama y ¡me di cuenta que estaba en plena forma! Los efectos del LSD habían desaparecido totalmente. Fui a un espejo y observé que mis pupilas estaban normales. El LSD provoca una fuerte dilatación de las pupilas, incluso con una luz intensa, a menudo nos burlábamos los unos de los otros diciendo que teníamos los ojos como platillos.
Como fondo sonoro, podía oír a mis amigos que aún continuaban su “viaje”, pensé: «Guay, ya no siento la alegría que recién acabo de sentir y ya no estoy en un “viaje” tampoco». De hecho, me fui a mi casa y cené con mis padres. Volví a casa de mis amigos una hora más tarde y aún estaban bajo los fuertes efectos del LSD. Acordaos que yo había tomado dos veces más que ellos y los efectos habían desaparecido totalmente.
Cuando regresé de mi ECM el conocimiento que se me concedió durante mi breve estancia fue completamente borrado de mi espíritu, pero pude acordarme exactamente, incluso ahora, 24 años más tarde, de lo que vi., de que me habían dado conocimiento y de cómo había yo reaccionado.
Fascinante información suplementaria: 10 años tras el suceso estudié en un curso bíblico los psalmos concernientes a Daniel, cómo Dios ordenó al Arcángel San Miguel salvar a Daniel de los leones.
El Angel dijo que cuando Daniel empezó a rezar, él partió de al lado de Dios y cuando Daniel terminó de rezar, el Ángel apareció a su lado y lo salvó de los leones.
Ahora ya no me acuerdo del pasaje, pero el predicador se sirvió de él para demostrar que si se recita la oración a una velocidad normal, como leyendo en alta voz, hacen falta de 5 a 6 minutos para acabarla. Luego le hicieron falta al Ángel de 5 a 6 minutos para alcanzar a Daniel desde la vera de Dios donde se hallaba. Acordaos que dije que eran las 16h 50 cuando me desmayé y alrededor de las 17h cuando volví en mí, o sea 5 o 6 minutos para ir, y 5 o 6 minutos para volver. He intentado comprender lo que me ocurrió ese día y concuerda perfectamente. Ahora estoy convencido que en tanto que mortales, estamos gobernados por el tiempo y el espacio, pero cuando se va más allá del estado mortal, el tiempo y el espacio existen todavía pero enormemente condensados, de ahí los planetas tan cerca los unos de los otros durante mi ECM. Os aseguro que el Paraíso estaba justo más allá de esa pared de nubes, simplemente no se me permitió verlo por el tipo de vida que había llevado (dejé de usar drogas poco después de este suceso). Cuando miráis las estrellas en el cielo por la noche, uno de esos puntos de luz que veis es el Paraíso y está sólo a 6 breves minutos cuando vamos al más allá después de esta vida.
Epílogo: Jonathan declara después de su ECM:
Queréis saber más respecto a mi utilización de la droga…Pues bien: poco después de mi ECM, dejé de usar drogas «duras» como la heroína, la cocaína o el LSD; he fumado hashís durante algo más de tiempo, pero en el transcurso de los siguientes 3 o 4 años, abandoné totalmente el uso de las drogas; más aún, ni siquiera me gustan los medicamentos prescritos por mi médico. No bebo más de una o dos cervezas al mes, no más. Estoy seguro de haber visto a Jesús y el hecho de no habérseme permitido ver el Paraíso siempre hará que me lo piense dos veces antes de cometer actos negativos.