ECM de Lorice
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Descripción de la experiencia:

Un día en California saqué mi bicicleta rosada para dar un paseo. Me detuve en el camino para cruzar la calle. Miré para ver si venía algún vehículo. Habían autos estacionados a ambos lados del camino así que me asomé un poco para ver claramente la calle en ambas direcciones. No ví venir ningún auto así que procedí a pedalear por la calle. Cuando salí hacia la calle ví, con el rabillo del ojo izquierdo, que se acercaba un auto. Intenté pedalear más rápidamente pero todo parecía ir en cámara lenta. Entre más rápido intentaba pedalear, más lento parecía. Entonces fui embestida por este auto. El conductor iba a 75 millas por hora en un área para peatones y había ingerido alcohol. Fui golpeada por la parte frontal izquierda del auto y cai por encima de éste y aterricé en mi espalda.
No recuerdo cuando me golpeó el auto. Debo haberme desmayado o algo.

Recuerdo haber sentido calidez y serenidad por todo mi cuerpo, con una sensación de seguridad que no había sentido en toda mi vida. De repente sentí dos grandes manos que me rodeaban. Una arriba de mi cuerpo y otra por debajo. Las manos eran tan grandes como yo. Recuerdo que miré hacia abajo y vi a papá y a mí intentándole decir que yo estaba bien. Después vi una increíble luz brillante a mi alrededor, sintiendo sólo calidez y seguridad. La luz no hirió mis ojos. El aire tenía un aroma delicioso y dulce. Era algo así como estar en el campo después de una lluvia de primavera. Podía ver a todos reuniéndose alrededor de mi mientras yo estaba flotando arriba en posición de rodillas. Me di cuenta que yo no estaba donde debería estar.

Más tarde, me di cuenta que yo realmente había muerto. Estoy contenta de haber regresado porque vi lo que el mundo tenía para ofrecerme y todas las experiencias (buenas o malas) que me hbuiera perdido. En el hospital me pusieron por meses en contracción. Me rompí el hueso pélvico y me fracturé mi pierna izquierda en la parte superior. En ninguna parte tenía la piel magullada. Pensé que eso era extraño. Nunca sentí ningún dolor durante todo el proceso. Después de la contracción me programaron para ponerme un yeso en el cuerpo y nunca sentí picor. Me llevaron a la sala donde me lo pusieron y escuché al doctor decirle a mi padre, fuera de la puerta, que “había un chance de que nunca caminara otra vez y si lo hace cojearía”. Cuando escuché esto realmente quería ir a terapia lo más pronto posible para mostrarle al doctor que estaba determinada a caminar otra vez. Terminé aislándome de la vida de todos. Cuando finalmente llegué a casa lo hice con el cuerpo enyesado durante un largo tiempo. Aprendí a arrastrarme a la bañera en la noche y meterme en agua caliente para ejercitar mis piernas. Durante meses no tenía sensibilidad de la cadera para abajo. Pero lo hice. Meses más tarde empecé a caminar con muletas y luego sin ellas. Me tomó dos años recuperarme.

C COPYWRITED BY LORICE SAWTELLE